Capítulo III. Las otras bienaventuranzas en Mateo, Lucas y Juan.

Pbro. Behitman Alberto Céspedes De los Ríos

Resumen


A partir de la consideración de todos los textos a los que se ha hecho alusión en el capítulo anterior, se puede decir que la Biblia, y de manera especial el Nuevo Testamento, es en realidad una Buena Noticia, que plantea el tema de la felicidad. Más aún, podemos decir que la felicidad pertenece intrínsecamente a la revelación que nos propuso Jesús. El gozo anunciado y tan esperado ya está presente aquí, pues con la presencia de Jesús la escatología ha entrado en la historia, de forma que la felicidad del mundo futuro se hace ya realidad presente para los creyentes. Así pues, son muchos los llamados a esta felicidad, basta que sepan cómo acogerla y cumplir los requisitos que la posibilitan. Por eso son bienaventurados los ojos de los discípulos, que tienen el privilegio de ver lo que están viendo (Lc 10,23; Mt 13,16); es bienaventurado Pedro, que ha recibido del Padre la revelación del Hijo (Mt 16,17); son bienaventurados aquellos para los que Jesús no es ocasión de escándalo (Mt 11,6; Lc 7,23); son bienaventurados los que creen sin haber visto (Jn 20,29). Pero sobre todo es bienaventurada la madre del Salvador, porque ha creído (Lc 1,45; Lc 1,48); éste es también el presupuesto que da todo su significado a la doble bienaventuranza de Lc 11, 27-28 (Dupont, citado en Rossano, Ravasi y Girlanda, 1990, p. 267).


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